Rehabilitación vestibular

Estabilización dinámica de la mirada: qué dicen los estudios sobre cuándo entrenarla

Revisión de tres trabajos con implicación clínica directa sobre agudeza visual dinámica: cuándo empezar, qué medir y qué esperar de cada medida.

Por Rodrigo Castillejos 9 min de lectura

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La agudeza visual dinámica mejoró un 80 %. La ganancia del vHIT no se movió

Es uno de los resultados más incómodos y más útiles de la literatura reciente sobre estabilización de la mirada. Un paciente puede mejorar de forma clara en lo que puede hacer sin que la prueba fisiológica que teóricamente lo explica registre ningún cambio.

No es un fallo de la prueba ni del entrenamiento. Es que no están midiendo lo mismo.

La ganancia no es el objetivo. La función sí.

Qué tiene que pasar para que la imagen no se mueva

La función vestibular, a través de los canales semicirculares y de la función otolítica, genera reflejos que estabilizan la mirada y la postura de forma dinámica, funcionando como una central inercial.

El reflejo vestíbulo-ocular en su versión básica es sencillo de enunciar: si muevo la cabeza un número determinado de grados hacia la derecha, los ojos deben desplazarse ese mismo número de grados en dirección contraria para mantener estable el objetivo. La función otolítica —utrículo y sáculo— también participa en el control de la mirada, con reflejos como la contrarrotación ocular.

La exigencia real es alta. Durante la marcha normal la cabeza se desplaza en vertical y en horizontal de forma continua, y al correr las aceleraciones aumentan mucho: en el plano vertical la cabeza se mueve prácticamente al doble de velocidad que en el horizontal, con picos de frecuencia que se han medido en torno a los 15-20 Hz.

Y el margen de error es mínimo. Una disociación de un par de grados basta para que la visión se vuelva borrosa, porque la imagen deja de proyectarse en la retina central. Por encima de unos 100 grados por segundo se pierde nitidez.

No es solo un reflejo

Reducir la estabilización de la mirada al reflejo vestíbulo-ocular deja fuera media función. Participan los cinco sensores vestibulares, pero también el sistema de fijación, el de persecución lenta, el sistema sacádico y el optocinético, cada uno según las condiciones.

Y hay condiciones que no son oculares en absoluto: la propiocepción cervical tiene que estar disponible, la mecánica orbitaria tiene que ser sana y el sujeto necesita control postural. Los husos neuromusculares del cuello generan señales que garantizan la estabilización de la cabeza en el espacio, que es lo que después permite estabilizar la mirada.

Existe además el modelo teórico de la copia eferente: el organismo envía a los niveles sensoriales información sobre el programa motor que va a ejecutar, esos niveles codifican el movimiento realmente ejecutado, y si todo encaja con lo previsto la cosa transcurre de forma automática. Conviene saber que hay neurofisiólogos que ponen en duda ese modelo y proponen otros.

Cuanto antes, mejor: el trabajo sobre neuritis vestibular

Un trabajo francés publicado en 2019, con un fisioterapeuta en el equipo, evaluó a pacientes con pérdida unilateral de la función tras una neuritis vestibular, repartidos en tres grupos según cuándo empezaban.

La intervención fue la misma para todos: entrenamiento de agudeza visual dinámica, dos sesiones semanales de 30 minutos durante cuatro semanas, con trabajo activo de movimientos de en torno a 10 grados en los distintos planos y velocidades de entre 150 y 300 grados por segundo.

Lo que cambiaba era el momento de empezar: el primer grupo antes de los 15 días desde la pérdida, el segundo entre los 15 y los 30 días, y el tercero más allá del mes.

Antes y después se midieron agudeza visual dinámica en escala logMAR, preponderancia direccional, ganancia por canal, sacadas encubiertas y descubiertas, y el cuestionario DHI. La pérdida de partida era considerable: en torno a 0,30 logMAR, lo que equivale a perder dos o tres líneas en una carta.

El resultado fue claro. El grupo intervenido en menos de 15 días obtuvo la mejor recuperación, tanto en agudeza visual dinámica como en la percepción medida con el DHI, con diferencia estadísticamente significativa. La intervención temprana rinde más.

Cuando la función mejora y la prueba no se entera

El segundo trabajo, del equipo de Baltimore dirigido por Michael Schubert, siguió a 43 pacientes con disfunción del canal lateral tras cirugía de schwannoma vestibular. El programa combinó agudeza visual dinámica y ejercicios de control postural domiciliarios durante cinco semanas, con control semanal, tarjetas de registro para vigilar la adherencia y progresión de la dificultad tanto en velocidad como en condiciones sensoriales.

La agudeza visual dinámica mejoró de media un 80 %. Pero esa mejora no se reflejó en un aumento de la ganancia del vHIT: ninguno de los parámetros medidos con vHIT cambió, salvo una ligera variación en la velocidad de las sacadas encubiertas del lado afectado.

Esa disparidad entre las medidas fisiológicas y las medidas de comportamiento, como la agudeza visual dinámica, tiene una consecuencia práctica directa. Si se toma la ganancia del vHIT como criterio de éxito, un tratamiento que está funcionando se puede dar por fracasado.

Lo que predice la recuperación: la función otolítica residual

El hallazgo más interesante de ese mismo trabajo no fue el porcentaje de mejora, sino quién mejoraba más. Los sujetos que conservaban función otolítica residual eran los que más recuperaban su agudeza visual dinámica.

Y la correlación fue específica por plano: la función utricular conservada se asoció a la ganancia de agudeza visual dinámica en el plano horizontal, y la sacular a la de los planos verticales.

Es decir, cuanta más función otolítica conserva el paciente, más posibilidades tiene de recuperar la agudeza visual dinámica, y eso ocurre con independencia de que la ganancia del reflejo vestíbulo-ocular no se modifique.

Para la práctica, esto convierte la valoración otolítica en información pronóstica, no en un dato más del informe.

Y de propina, control postural

Hay un tercer dato, de un trabajo anterior de 2017, que conviene no perder de vista: los ejercicios de estabilización de la mirada no solo modifican la agudeza visual dinámica, sino que además producen un aumento del control postural, medido en varios trabajos.

Sumando las tres cosas —que mejoran la función, que además mejoran la postura y que rinden más cuanto antes se empiecen— son ejercicios que merece la pena instaurar pronto.

Empezar pronto, medir lo que importa

La estabilización dinámica de la mirada es mucho más que un reflejo, se entrena con parámetros concretos y se evalúa mejor con medidas de comportamiento que con la ganancia. Y el momento de empezar no es un detalle organizativo: es una variable del resultado.

  • Cuándo Cuanto antes: mejor recuperación por debajo de los 15 días
  • Cómo ~10° en distintos planos, 150-300°/s, sesiones de 30 min
  • Qué medir Agudeza visual dinámica y percepción (DHI), no solo ganancia
  • Qué predice La función otolítica residual: utrículo al plano horizontal, sáculo al vertical
Formación acreditada

Evaluar y pautar la estabilización de la mirada

El Experto en Fisioterapia Vestibular en el marco de los trastornos del equilibrio dedica una parte específica a la evaluación funcional del reflejo vestíbulo-ocular, a la estabilización dinámica de la mirada y la postura, y a la agudeza visual dinámica: su evaluación y su pautado en el paciente real.

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